Gonzalo Tena. Being


Gonzalo Tena. Being
9 feb 2017 – 28 feb 2017

La exposición de Gonzalo Tena Being parte de A Long Gay Book, un texto de nuevo de Gerturde Stein que el propio Gonzalo califica de muy difícil, y del que ha elegido frases muy rítmicas, muy musicales. En ocasiones ha trabajado con frases completas, en otras con pequeños fragmentos que al pintor le han resonado en la cabeza, o con un pequeño grupo de palabras cuyo sonido producen el efecto de una pieza musical.

En varias entrevistas ha señalado que en estas series ha partido de un cierto cariño por la obra de Antonio Saura y conseguido volver al placer de la pintura, de estrujar botes, mezclarlos y de mancharse, incluso, en el proceso. El resultado es una pequeña y controlada explosión de color sobre el sempiterno fondo negro.

El texto del catálogo corre a cargo del critico barcelonés Jesús Martínez Clarà y lleva el titulo de  Tropismos, término que “ha quedado para la cultura como un sinónimo de actitudes creativas fragmentadas, discretas, como el síntoma inconcluso de una acción y como calificativo útil para todos aquellos que como Gonzalo Tena aparecen y desaparecen de la escena del arte y que actúan de modo discontinuo, discreto y perseverante.”


Presente continuo. Begin Being

Tropismos

Jean Paul Sartre, en 1939, se fijó en la obra de una joven escritora, era la primera de Natalie Sarraute titulada “Tropismes”. La publicó en una época de preguerra y post vanguardia que estaba dominada por una escritura atrevida y experimental. Samuel Beckett, Gertrude Stein y Sarraute ponían los cimientos de un nuevo modo de entender la literatura y la vida.

El tropismo es un fenómeno biológico que afecta especialmente a las plantas, esta estrategia desplegada por la naturaleza consiste en que una planta que por definición se encuentra inmóvil en un territorio, sabe reaccionar de modo adecuado a sus necesidades, ante un estímulo externo, detectando aquellos factores de aceptación o rechazo que le permitan sobrevivir. Este fenómeno es apenas perceptible y muy sutil, así, casi sin darnos cuenta, tímidamente, nuestro “ficus  benjamina” se dirige a la casa del vecino asomándose tras la tapia, porque allí encuentra la luz que nosotros no le damos o se retrae cuando necesita sombra.

Igual que sucede con las plantas, los indicios sutiles, los pequeños gestos permiten que las obras de algunos artistas avancen lentamente o retrocedan, se exhiban o se escondan. Un modo de hacer que define no solo una obra sino también una actitud creativa y un comportamiento personal. Por eso el “Tropismo” ha quedado para la cultura como un sinónimo de actitudes creativas fragmentadas, discretas, como el síntoma inconcluso de una acción y como calificativo útil para todos aquellos que como Gonzalo Tena aparecen y desaparecen de la escena del arte y que actúan de modo discontinuo, discreto y perseverante.

La obra de Gonzalo Tena es “Tropista” desde que en  1999, convirtiera a la escritora Gertrude Stein en su fuente de inspiración, trabajando con:  Gertrude (1999), Stanzas (2000), War (2001),The relation of Human Nature to the Human Mind (2007). Ha ido siguiendo la estela de la escritora norteamericana e impregnado por su espíritu se propone profundizar en la esencia del lenguaje creativo, quiere usar la palabra y la pintura para desvelar y para esconder. A través de textos breves y de imágenes, casi sin acabar nunca, pero empezando continuamente. Tena, se dedica a destacar y escoger las ínfimas manifestaciones del yo, a transformar sutilmente en obra las vibraciones positivas o negativas que recibe del exterior tal como he dicho que hacen las plantas, creando movimientos interiores que calan, sutilmente, en la conciencia del que mira o del que lee.

Como buen creador “tropico”, cuestiona el imperio del discurso único en el arte. Despliega su voz a trozos, utilizando una estética que propicia la repetición y en la que a través de la insistencia sobre lo mismo, favorece el surgimiento de la diferencia. Esa es la cualidad de la repetición, “mantram” cultural que nunca cesa, recordando lo primordial y abandonándose a la pseudo conciencia del conocimiento del mismo modo que un orante hace con una letanía.

El espectador

El espectador se ve obligado a recomponer sus maneras de enfrentarse a una obra en la que se le exige la atención máxima  a todos los detalles, incluso los más  insignificantes. Él mismo se considera un buen observador y una de sus facetas más destacadas es la que denomina: “la tarea del entomólogo crítico”, es decir la capacidad que tiene este artista por percibir los minúsculos aspectos de la vida y aplicarlos a su arte, exigiendo máxima atención a lo menor. Cuando hablas con él, te das cuenta del valor que da a una mirada o a un gesto, la importancia de la memoria y de lo circunstancial. Cuando leí el estudio de Gonzalo Tena “Bruegel en la torre de Babel” me dí cuenta que en ese libro se pone énfasis en la importancia de la mirada de detalle sobre las obras de arte, una mirada que exige concentración, conocimiento y la capacidad interpretativa del “entomólogo crítico” enfrentándose a las formas y a la vida. Sólo personas como él o como el escritor e ingeniero Juan Benet son capaces de determinar la importancia de que el crecimiento formal de la Torre de Babel sea de orden helicoidal o telescópico y que en eso resida un aspecto fundamental de la obra del pintor flamenco. Este afán detallista, de máxima precisión observativa, no impide que un halo secreto prevalezca en las obras de Gonzalo Tena. En ellas, aparentemente, todo se encuentra a la vista, a la luz del entendimiento pero, a la vez, todo se esconde y crípticas frases, conviven bien con crípticas imágenes. Deja que el espectador establezca analogías, se recree en el delirio imaginario. Una estrategia psicoanalítica en la que el espectador, para acercarse a su obra, transforma el dato real a través de asociaciones de ideas propiciadas por una obra de compleja significación simbólica que estimula su capacidad interpretativa.

Un lugar secreto

GT establece un duelo sutil entre las imágenes y las palabras y eso lo convierte en un buscador de las raíces del arte y del lenguaje. Sus estrategias basadas en la precisión y exactitud del buen observador, van modificando sutilmente la conciencia del que mira o lee, silenciosamente, sin que apenas lo notemos, estando ahí.

Su trabajo es aparentemente conceptual debido a los referentes intelectuales y por la utilización del lenguaje escrito. Sin embargo el tono fenomenológico de su obra se mueve en la superficie pura propia de la pintura, como el color, la composición y la forma. De la superficie a la profundidad, la obra de Gonzalo Tena indica cosas precisas, gusta del detalle del lenguaje, aquí las palabras, a veces, muestran repitiéndose, otras, esconden, pero las formas propias del arte están siempre presentes y pueden percibirse claramente. Hace obra. Cortados los puentes con el origen único de las palabras va al encuentro de la visión. Traza trazos inteligentes. El escrito y el objeto no se relacionan como iguales y evita la redundancia entre texto o imagen, por ejemplo: esto es una casa y debajo la palabra casa, esto es una mano y debajo la palabra mano. No. No hace esto. Su trabajo es más secreto, hay reserva y su obra va estableciendo complicidades con los iniciados a su propio arte y al de Gertrude Stein. Debido a la voluntad estética del “tropista” su obra actúa de igual manera que cuando leemos unas frases de la escritora, en las que las cosas siempre van bajo la línea continua del sentido, por encima o por debajo de él. Pero palabras al fin, con forma gramatical y singular sintaxis.

Nada de lo que se pueda escribir puede suplantar la manifestación física de la obra, su circunstancia fenoménica, el verdadero cuerpo del arte. Sin embargo, tengo la convicción que es conveniente, en concordancia con el espíritu del artista, un breve “Descriptum” que perfile las  obras de Gonzalo Tena, dado que un aspecto importante de ellas es enfatizar el hecho de que todo está ofrecido a la vista y a la vez todo mantiene su secreto.

Series

En la actual  exposición  Being, los  textos están sacados de diferentes obras, pero la mayoría de “A Long Gay Book” . Son unas series con múltiples variaciones, en las que el compás, el ritmo lo van marcando las superficies de PVC que en medidas de 85×23, 85×23, 85×23, 85×23, 85×23… etc van creando conjuntos, grupos y series. Este sistema crea una cadencia invisible que solo se detecta cuando las seriaciones se ven en su conjunto, entonces  la música de la  escritura se percibe de inmediato cuando se van leyendo en voz alta las frases que están pintadas con acrílico y luego pegadas en la pared. Las series forman unidades en las que las palabras mantienen una continuidad, un formato único compuesto por distinto número de unidades como 1 de 1, 1 de 3, 4 de 4, 3 de 5, 6 de 6, 2 de 7, 1 de 24, 1 de 33.

Fragmentos

Hay una norma, una pauta rítmica que no se ve a simple vista. Para crear  sonoridad utiliza los  fragmentos como técnica poética a base de trocear y componer, así va creando unos ritmos y repeticiones tomando la última palabra de una pieza como principio de la pieza siguiente, por ejemplo: One being-being living-living a-a day-day that-that was o también: Not expecting –  expecting to – to be -be a- a different – different one.

Micro-grafías: Los trazos mayores que aquí vemos, parecen aludir a microorganismos vistos a través de una lupa. Quiere captar la realidad con el dibujo, y unos insectos o unas plantas pueden aparecer como entes abstractos. Esas macro-micrografías las ha dispuesto sobre tiras de PVC negro de 85×23 cm. sobre las que GT ha pintado y escrito con colores acrílicos. Detalle y discreción son buenos aliados.

Gestos: en estas obras hay gestos en múltiples direcciones, trazos propios de una escritura que puede parecer automática o como una grafía primitiva anterior a la precisión del dibujo analítico. Entre marañas, manchas, líneas, garabatos y perímetros, los refinados colores acrílicos van gestando abstracción a base de ser precisos en su ubicación y tratados de modo delicado. El gesto domina los contornos en los que aparecen algunas manchas de color. Estos grafismos parecen trazados de una sola vez aunque en ocasiones están insistidos, repasados. El gesto permite originalidad, no hay dos firmas iguales, originalidad en el sentido auténtico, como energía del origen.

Energía

La palabra, el objeto y el color se muestran en turbulencias formales, en actividad energética constante y en palabras que teniendo sentido lo pierden en el conjunto, estas partes parecen fragmentos de un texto mayor que no conocemos. La libertad del trazo necesita gran concentración. La libertad del gesto libera energía trópica. Aquí no hay mimesis, hay impulso vital que se propone como energía a la mirada del espectador, el gesto conquista el espacio.

Abstracción: Abstraerse es liberarse. Hay un extraño poder en los signos que parecen reclamar el regreso al origen de lo que están designando del mismo modo que la palabra concreta del lenguaje puede devenir abstracción. Sin recuerdo aparente a nada conocido. El dibujo está lejos de lo que designa. El entomólogo dibuja bichos conocidos, GT dibuja otros aún por conocer. Las estrategias visivas de la semejanza quieren re-conocer, volver a conocer. Aquí se impone la libertad abstracta.

Contra el Yo

Cumplida la descripción provisional de la obra, el exegeta quiere ejercer su derecho a la interpretación de estas obras y aquí aparece un nuevo desafío. Gonzalo Tena, como Gertrude Stein, se acerca con su obra a esa sensibilidad, digamos oriental que hace actuar los dos partes del cerebro a la vez, tal como insinúa la obra “The relation of Human Nature to the Human Mind” (2007) en la que corazón (Human Nature) y mente (Human Mind) están formando parte de la misma expresión poética y pictórica. Una parte del cerebro exige que  ante las obras con texto, con palabras pintadas de Gonzalo Tena se despliegue la batería argumental que ofrece la razón, extender toda suerte de desarrollos teoréticos, encadenar las palabras de un discurso que ayuden, a una mejor comprensión de su significado y  así ser culturalmente correcto. Si hay palabras, corresponder con más palabras. Es decir: romper el cristal. Esa primera tentación crearía un ensordecedor estruendo y una violencia injusta pues, la principal tarea del intérprete es atravesar el cristal de la obra sin romperlo. Ser discreto.La segunda parte del cerebro aconseja que las obras de Gonzalo Tena  no deben ser argumentadas, no quieren afirmar la seguridad dominadora de especie sobre la cultura y el conocimiento humano, muy al contrario quieren eliminar el sujeto, pretendiendo desmontar los bastiones identitarios, tanto de quien las ha hecho , como de quien las mira. Por eso, el ejercicio de su interpretación, no sería otra cosa que la afirmación egolátrica del intérprete, creyendo que solo él y el autor saben lo que la obra esconde. No es así. En una obra llena de cultismos referenciales la ignorancia administrada en conciencia, deviene virtud y no defecto. Es un paso más hacia la eliminación de la autosuficiencia del yo y del intérprete.

Oír la pintura ver la palabra

Ha quedado demostrado que en estas obras de Gonzalo Tena sus textos, sus palabras escritas, son para él como pintura y del mismo modo, para Gertrude, si aun viviera, las pinturas de Gonzalo serian palabras. Se puede decir que de la misma manera que Stein quiso desvelar la auténtica naturaleza del lenguaje, Tena, quiere profundizar en la verdad de la pintura, en sus fundamentos. Por eso, la colaboración entre ambos es fructífera pues tienen el objetivo común de la búsqueda del fundamento de lo artístico, de la auténtica naturaleza del arte. Creo que en GT como en GS, conviene aplicar la interrogación sinestésica por excelencia: ¿qué veo en las palabras? ¿qué oigo en la pintura?  La sinestesia se produce cuando un estímulo sensitivo auditivo, por ejemplo una nota musical, activa una sensación que corresponde a otro sentido, por ejemplo el gusto o el color. O, al revés, al mirar estas obras se desencadena una amalgama sonoro-visual. Quiero decir que cuando un artista se propone unir sonidos de palabras y telas de pintura o bien es proclive al pitagorismo o bien es sinestésico o las dos cosas a la vez. Las frases de Gertrude Stein y las obras de Gonzalo Tena enfatizan la voluntad de momento, de instante y tiempo detenido. En cierto modo proponen una suspensión del juicio y del sentido, proponen que por un momento, aunque sea breve, aunque sea el que el paseante le dedique a la exposición, en esa experiencia intensa la palabra escrita se vaya viendo y la pintura se vaya oyendo, un efecto profundo a través del cual podríamos concluir que al leer en voz alta la pintura y viendo las palabras en el conjunto de la obras, se van creando la partitura de una música secreta.

Presente Continuo

El prodigio que he mencionado sobre la desaparición  del yo, la  infra-levedad del sentido y las cualidades fundentes de la sinestesia,  dan como resultado que en el trabajo global de Gonzalo Tena nunca sepamos donde empieza o acaba una obra, esta no tiene límites, ni físicos, ni temporales.

Parece querer ir contra el tiempo. Lo demuestra su insistencia, mejor perseverancia en su trabajo, también sus obras de alta investigación artística, en las que un dato, una circunstancia, un hecho deviene dibujo, pensamiento, obra plástica o dato útil para un catedrático, y al tiempo, es una secuencia infinita de dibujos minúsculos que crean un universo paralelo de la misma o mayor envergadura que el tema estudiado. Por este motivo su obra no permite una aproximación circunstancial que sea resultado de un discurso crítico a la moda. No. Exige al intérprete la misma actitud que él mismo tiene ante el arte. Lo demás no interesa.

La pregunta alusiva al sentido es por sí misma ridícula: ¿qué está diciendo el texto? ¿qué estamos  viendo en la pintura? Con la obra de Gonzalo Tena hay que dejarse llevar sin obsesionarse por la pregunta sobre el sentido, no hay que descifrarla necesariamente por el hecho de que existan unas palabras escritas, como tampoco queremos descifrar el entramado complejo de los trazos llenos de energía que los acompañan. Las frases salen de lo lineal, de lo temporal de la escritura para convertirse en detalles energéticos más que de sentido. Aquí no hay progresión lineal, hay coexistencia espacio temporal. Y así, sin pasado, sin futuro nace el instante, el momento álgido de la verdad.

Aquí las palabras estallan, hacen añicos la comprensión única, la fragmentan y la dispersan. Son micro-bombas a la comprensión lógica, una exaltación de los sentidos y de la mente. Gonzalo Tena obliga al espectador a ubicarse en un nuevo tiempo y un nuevo espacio, obliga al sujeto percibiente a establecer un vínculo no causal con la obra, no ilustra conceptos, ni frases, obliga  a una percepción simultánea de los dos cerebros: el que es capaz de entender y el que es capaz de ver en un tiempo único. Quien se atreva a esto, puede decir en voz alta que está comenzando a existir en un presente continuo: Begin Being.

 Jesús Martínez Clarà