María Álvarez


María Álvarez

Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia y Doctora en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, España; amplia su formación como artista en residencia en el Pratt Graphic Manhattan Center de Nueva York, EEUU. Su dedicación a la docencia, la promoción y difusión del arte, la obra gráfica y la edición de arte a nivel regional, nacional e internacional ocupan un espacio fundamental en su prolija andadura, con la organización y comisariado de numerosas exposiciones y otros eventos, entre las que destacan la coordinación de las Jornadas de Grabado y Edición de Arte y la publicación del libro 10 años de Grabado y Edición de Arte en la Escuela de Arte de Oviedo, en colaboración con la Universidad de Oviedo.

Profesora en la Escuela de Arte de Oviedo, en la que ha sido responsable de los Departamentos de Grabado y Técnicas de Estampación,  y de Edición de Arte; así como del Departamento de Actividades y Promoción Artística de dicho centro.

Obtiene varias becas y premios como el de Promoción de las Artes Plásticas y la Investigación de Nuevas Formas Expresivas del Ministerio de Cultura, Madrid, España. La Investigación de Nuevas Formas de Expresión artística de la Consejería de Educación, Cultura y Deportes. Principado de Asturias. Artista en residencia en el Frans Masereel Centrum, Kasterlee, Bélgica; y el  Premio Extraordinario de Doctorado de la Facultad de Bellas Artes, Universidad Complutense, Madrid.

Ha participado en numerosos cursos y conferencias y colabora escribiendo en distintos tipos de publicaciones, entre los cuales, destacar los impartidos en Casa Faconieri, Cagliari, Cerdeña, Italia; o en la Estampería Quiteña, Quito, Ecuador, invitada por la Calcografía Nacional de España.

La obra de María Álvarez está presente en la escena artística contemporánea nacional e internacional con numerosas exposiciones tanto individuales como colectivas, así lo demuestra su significativa participación en los más destacados encuentros y espacios para el arte. Igualmente sus obras figuran en importantes colecciones, instituciones o museos.

A destiempo

A destiempo, así nos presenta María Álvarez sus obras más recientes, no nos sorprende el título, nos tiene acostumbrados a desvelarse a través de ellos. Sin embargo, las obras muestran una apariencia distinta, alejadas del grafismo expresivo e informal que la caracterizan. Sólo es en apariencia, sus dibujos, gráciles y minúsculos no están, pero si su impronta, la calidez de su estilo.

También están las series, que como una obsesión, la llevan a agotar el motivo. Está el fragmento y sus múltiples posibilidades que acrecientan la escala de la obra. Se mantiene el formato pequeño y cercano, que anima al observador a una aproximación íntima y está la economía de medios y recursos, reduccionismo que nadie como ella sabe llevar al límite.

Si en sus primeros trabajos documentados allá por los años 80, la influencia de Paul Klee es clara, pronto lo será la corriente neo-expresionista que, en torno a 1989, cargará de materia y de gesto sus trabajos: Americann Dreams, Albertina, Kleist en Thun… impresionantes series blancas de pintura de acción, de encuentro y desencuentro con la materia en su estado más puro. Es en estas obras donde podemos rastrear su postura ante la materia, “quiero y no quiero anular la pintura” dice la artista.

Su vitalidad y espíritu aventurero la llevan, en los años 90, a buscar nuevas formas de expresión, más conceptuales. Años muy activos, de presencia en certámenes nacionales e internacionales, de lecturas, de viajes, de interés por todo tipo de técnicas –vehículos válidos para llegar a algún fin–; todo ello compaginado con su dedicación a la docencia en la Escuela de Arte de Oviedo, que la ha fortalecido, aportándole más disciplina y oficio, reflejos de su honestidad como creadora.

“Nada hay más sincero que el lápiz y la mano”, comenta. El dibujo se convertirá, en su seña de identidad. Y junto a él, la poesía que, como recuerda Mª del Mar Díaz, transforma sus propuestas en metáforas visuales1.

La maison, la nuage et la feuille (1993), es una de esas obras claves para entender el nuevo rumbo de su trabajo, el lápiz, papel, collage y acuarela, sus instrumentos de persuasión y, sus imágenes –inseparables de los poéticos títulos– serán un claro –clarísimo– reflejo de sus inquietudes y vivencias: Cinq idées pour una petite architecture (1995), Les idées fragiles (1998), son obras que se alejan de lo anecdótico  en busca del concepto. También hay momentos de escasez y sequía: 14 ideas iguales (1999), 220 nubes sobre mi cabeza (2000).

Si el arte es una representación concreta de íntimos sentimientos, su obra de ésta época es una buena muestra de ello; pero también lo es A destiempo, donde María apuesta por un desprendimiento de lo superfluo para trascender más allá de las formas y mostrarnos su alma. Puede parecer un arte poco expresivo pero está intensamente vivido, arte de sutilezas y detalles, rotundo en su conjunto.

En esta exposición, cada obra es un mundo que no puede ser descifrado por partes, es una totalidad, prima la armonía, no hay luchas entre los elementos que lo componen, dependen unos de otros para generar el conjunto. Se trata de una superficie holista –equilibrada–, en la que  todo, es uno inseparable, respondiendo a aquella vieja afirmación aristotélica: “ el todo es mayor que la suma de sus partes”.

Contemplar cada uno de estos cuadros es sentir la placidez y la serenidad de una experiencia estética que busca lo trascendente. Rayas trémulas y fluctuantes, líneas que se alejan de cualquier tentación mecánica y uniformada siempre inherente a la retícula.

El método es puro equilibrio: precisión y fragilidad. También lo es el resultado: humilde en apariencia pero de contundente estímulo. Un arte levemente expresivo pero intensamente personal, deudor, en parte, de los escritos y obras de la artista norteamericana Agnes Martin. Ambas piensan parecido: la vida emocional domina sobre la vida intelectual sin darnos cuenta, por eso los artistas tienen la necesidad de crear, aunque no sepan cual va a ser el resultado.

Lo importante es que la obra sea un complemento, un equilibrio: “El valor del arte está en que contrarresta pensamientos y emociones negativas, promueve la calma psíquica sobre el caos y establece la estabilidad en este mundo de cambios impredecibles y demoledores”2

Como Agnes Martin, nuestra artista muestra ascetismo estético que le permite frenar los impulsos y frustrar los excesos; parece no tener miedo al fracaso, al abismo, porque para ellas, lo que parece un paso en falso no es más que el paso siguiente.

Estamos ante una obra frágil y delicada que requiere de nuestra complicidad. Solo, desde cerca, advertimos su pureza: veladuras, trasparencias, ocultaciones tras una cortina que nos impide y permite ver lo hay más allá, que hace visible lo invisible. En este momento de la trayectoria de María Álvarez, A destiempo es una necesidad. Un compromiso consigo misma que, estoy convencido, desde la soledad de su estudio, seguirá abriéndonos caminos, tan intensos como reveladores.

“El silencio que hay en el suelo de mi casa,
Es todas las preguntas y todas las respuestas que ha habido en el mundo”3

 

Santiago Martínez Fernández
Profesor de Historia del Arte

1. Díaz, Mª del Mar, Artistas Asturianos, volumen VII, proyecto Astur, Hércules Astur de Ediciones, Oviedo, 2006, pág. 345
2. Haskell, Bárbara, Agnes Martin y la Conciencia de la perfección. Catálogo de la exposición Agnes Martin, Museo de Arte Reina Sofía, Ministerio de Cultura, Madrid, 1992.
3. Martin, Agnes, Escritos de la artista: fragmentos de diario, ibídem, pág. 35